"Para que todos sean uno; como tú, oh Padre,
en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros;
para que el mundo crea que tú me enviaste"
(Juan 17:21).
 
Estas Palabras son sólo un extracto de la oración que Jesucristo dirigió
al Padre por la unidad de los cristianos en la víspera de su crucifixión. Todo este
capítulo nos revela el corazón de Dios, del profundo amor y cuidado que el Señor tiene
por los suyos, y de su ferviente deseo de ver a los cristianos unidos en amor, bajo un mismo
estandarte y combatiendo por la misma causa. En este trozo de Escritura Dios nos revela
los requisitos que esta unidad contempla; es decir, Él nos enseña el tipo de unidad que
desea ver entre sus discípulos, el criterio o norma para lograr esta unidad, el
propósito de ella, y el medio donde debe llevarse a cabo.»»»
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Una de las herejías
más destructivas a que
se ve enfrentada la
cristiandad es el concepto
de una iglesia universal
invisible. Esta teoría está siendo estratégica para el diablo en su afán de destruir el magistral diseño de la eclesiología de Cristo, pero este libro demuestra con maestría que la naturaleza de la iglesia que Cristo edificó es local en naturaleza; y que es el lugar escogido por Dios para representar su glorioso Nombre en esta tierra.

Esta obra analiza cada
mención de la palabra
ekklesia [iglesia]
en el Nuevo Testamento
y hace una clara distinción entre la iglesia y el reino de Dios, puesto que la confusión de estas dos entidades ha producido una controversia que ha durado casi dos mil años y entorpece la visión eclesiológica de Cristo.

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Cristo ruega al Padre por la unidad de su
pueblo con el propósito que el mundo
crea y conozca que Dios le envío a esta tierra, porque sólo a través de Cristo hay esperanza de vida eterna: "En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). Y es por esto que la unidad del pueblo de Dios es un asunto que debe estar encabezando la lista de las prioridades evangélicas. El poder evangelístico está en directa proporción con el grado de unidad que exista en el pueblo de Dios.»»»

La unidad que el Señor espera de los cris-tianos está condicionada a cierto criterio,
y en la misma oración encontramos este
criterio. Este criterio o norma para la unidad
es la verdad: “Santifícalos en tu verdad;
tu palabra es verdad” (Juan 17:17). La
verdad es el criterio para llevar a cabo
esta unidad, y ¿Qué es la verdad?
Su Palabra es verdad. La unidad de los
cristianos, de acuerdo con la voluntad de
Dios, debe llevarse a cabo en torno a la infalible Palabra de Dios.
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¿Qué clase de unidad es la que Dios espera de los suyos? Voy a responder esta pregunta negativamente; es decir, la clase de unidad que Cristo "NO" desea. Cristo no oró por una unidad ecuménica o mística en una iglesia universal invisible, sino que Él oró por una unidad visible y observable al mundo en el contexto de la iglesia local: "…para que el mundo conozca que tú me enviaste". Por lo tanto, la unidad que Dios desea ver entre los cristianos debe ser en praxis para que el mundo la pueda ver y así pueda creer al mensaje del evangelio. »»»

Aunque Cristo no menciona la expresión iglesia o cuerpo en su oración, sí lo hace el apóstol Pablo en la mayoría de sus epístolas, y qué son las enseñanzas de Pablo, sino una extensión de la mente de Cristo. A través de Pablo, Cristo revela que es en el contexto de la iglesia donde este tipo de unidad debe llevarse a cabo, y no sólo en las relaciones internas de la iglesia, sino en la interrelación que debe existir entre todas las iglesia del mismo tipo, para que el testimonio sea sólido y macizo con un alto grado de credibilidad ante el mundo.»»»

Cristo no sólo llama a la unidad, mostrán-donos el propósito, el criterio, el tipo, y el medio para la unidad, sino que también nos muestra la metodología para llevarla a cabo. En Los Hechos de Los Apóstoles, capítulo 15, vemos como interactúan dos iglesias (la iglesia de Jerusalén y la iglesia de Antioquía) para resolver asuntos que estaban afectando la unidad de la fe y que perturbaba a los cristianos del primer siglo. Los judaizantes estaban enseñando que si los gentiles convertidos no se circuncidaban de acuerdo al rito de Moisés no eran salvos; y esta enseñanza causó tal revuelo en la iglesia de Antioquia que se hizo necesario llevar el asunto a la iglesia madre en Jerusalén.»»»

¿Es esta oración el sueño utópico e idea-
lista de un maestro bueno o es una oración profética del Hijo de Dios a la que Dios el Padre dará algún día respuesta? En otro lugar de la Escritura, Cristo dice: “Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes” (Juan 11:41-42).
La fidelidad, la inmutabilidad, y la integridad del carácter de Dios están comprometidas en esta oración y su eventual cumplimiento. Sin duda, Dios dará respuesta a la oración de su Hijo, y los creyentes deben orientar sus esfuerzos a estos objetivos que traerán poder evangelístico y consumará la unidad de la fe.
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La forma que esta unidad debe tomar para que sea la respuesta a esta oración debe ser compatible con la revelación
posterior que el Señor nos dió en el resto del Nuevo Testamento. Por lo tanto, el Nuevo Testamento revela, por ejemplo y doctrina,
una unidad tanto dentro de las iglesias individuales como una unidad entre ellas.
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TEMUCO - CHILE